jueves, 15 de febrero de 2007

miércoles, 14 de febrero de 2007

• Las siete de la mañana

Que cosa más increíble, las siete de la mañana existen también si llegas a ellas por delante.


Querido amigo:

Que cosa más increíble, las siete de la mañana existen también si llegas a ellas por delante.
O tal vez no sea llegar a ellas por delante. El caso es que mi modo de vida este último año no me obliga a madrugar y, lógicamente, no lo hago. Si que he llegado en alguna ocasión a esas horas, pero desde atrás. Es decir, desde la noche. Y obviamente, no es lo mismo. Cualquiera que se haya pasado una noche despierto, se dará cuenta.
Las siete por delante, es como retroceder en el tiempo y a la vez avanzar. Cuando uno no tiene necesidad de madrugar no madruga, parece lo más recomendable, pero estudiándolo detenidamente es un grave error. Es como si hubiese una parte de la ciudad o pueblo en el que vives en la que nunca pusieses un pie. Y pueden pasar años, incluso tu vida entera, sin que lo hagas. No importan los motivos por los que no lo hagas, lo que importa es que si un día adquieres conciencia de ello, te darás cuenta de lo grave de la situación. Si no adquieres conciencia no pasa nada, porque algo que no se siente, no se siente. Pero el problema es que no puedes regular del todo las cosas que piensas, y si llegase a suceder... Es difícil de explicar, intentaré poner un ejemplo para que lo entiendas. Es como si un gran cocinero cocina exclusivamente para ti, una suculosa suculosa suculosa cena. Con una amplísima variedad de platos. Todo delicioso y todo te lo comes. Y cuando estas totalmente saciado y no cabe nada más, descubres, en una esquina, un plato del que solo por su aspecto se puede adivinar que está delicioso. Por desgracia no te lo puedes comer. Sería frustrante. (Claro que el ejemplo no es válido porque la saciedad te impediría desear más comida, pero eliminando ese factor el ejemplo si que vale).
Bien, si no te queda claro el ejemplo dímelo y intentaré explicártelo mejor (odio usar la conjunción copuladora "e", así que no la uso, es una l.p.).

Ahora sigo con lo que había empezado. Las siete de la mañana es un mundo muy diferente al de las siete de la tarde por ejemplo. Hoy me levante a las siete de la mañana, tenía que ir al examen del carnet de conducir (cosa que te contaré en otra ocasión, es un buen ejemplo de lo estúpidos que solemos ser). A las siete de la mañana hace bastante más sueño que, por ejemplo, al mediodía. Aún es de noche en esta época del año, puede hacer frío, embotamiento pensante... Pero hay cosas buenas también. Un café caliente a esa hora sabe mejor, un donuts no apetece (lo cual es bueno), el asiento del coche parece muchísimo más cómodo de lo normal, las mangas largas también parece comodísimas, la radio suena en la lejanía y parece que nos esté escuchando a nosotros, es imposible que otra hora suene de la misma forma. Y hay mucho más. Son todo cosas que llevaba casi un año sin experimentar. Cosas bonitas.
Si uno llegase a las siete de la mañana desde atrás no experimentaría nada de eso, lo más probable es que sintiese sueño, ganas de vomitar, los pies, tal vez frío, o puede que directamente no sintiese nada.

Cuando uno no está acostumbrado a andar por esos mundo le pueden pasar cosas como la que me sucedió hoy a mí. Decidí que era una buena idea aprovechar que estaba despierto a esas horas para, después de examinarme, irme de compras. Pero para mi sorpresa y horror, las tiendas estaban casi todas cerradas. -Que extraño- pensé. Tal vez haya fiesta o algo, pero entonces deberían estar cerradas en su totalidad. No encontraba explicación así que llamé a mi padre para preguntarle cual podía ser la causa de esa anomalía. Y mi padre, cinco minutos riéndose de mi después, me solucionó el problema. *Si eres inteligente puedes llegar por ti mismo a la conclusión a la que yo llegué y entenderás porque durante la media hora siguiente caminaba por las calles sin poder parar de reírme y provocando miradas raras hacia mi persona.

En realidad hay una cosa mal planteada, no debería decir que a esas "siete de la mañana" de las que hablo se haya llegado por delante o por detrás, en todo caso a unas se llega través de una noche despierto y a otras se puede llegar directamente (quien no recuerde los sueños lo hará así) o de formas variadas (los sueños son impredecibles y sorprendentes). En los dos casos se llega por detrás. Para llegar por delante, de forma rigurosa habría que retroceder en el tiempo. Y de forma un poco más libre, se podría repetir, durante la noche, toda una jornada en orden inverso, cenar, merendar, comer y desayunar, para llegar a las siete del día siguiente como si fuesen las del día anterior. En teoría no habrías retrocedido en el tiempo pero en la práctica si.


Espero poder escribirte más sobre este tema porque creo que es importante. Y deseo que mejores esa salud para prontamente celebrar y celebrar.

Un saludo.

P.D. Brant Bjork - Jalamanta

domingo, 11 de febrero de 2007

• Diario de Sueños, Capítulo 1

Travesía


Oh… fue… fue horrible, con lo poco que me gusta nadar a mi, con una tabla de surf lo que quieras, pero nadar por nadar, no es un arte que domine, prefiero la necrofilia. Teníamos que hacer una travesía de seis kilómetros a nado, por mar abierto. Por lo menos podíamos llevar traje de neopreno, menos mal. Habíamos quedado en el piso de mi abuela, allí estábamos todos, aunque no recuerdo muy bien quienes éramos. Se que estaba Dani, que me cae mal, y si estaba ese tenían que estar también los demás.

Tengo un neopreno maravilloso, de manga larga, lo compré en Francia y está casi nuevo, es el que voy a usar, pero, ¡Me lo estoy poniendo por encima de los pantalones!, así no voy a poder nadar, vaya mierda, tengo que cambiarme otra vez y casi no queda tiempo. No puedo cambiarme en el que coche, no quiero desnudarme delante de todos. Mejor me cambio a toda prisa en el baño. ¿Me quito los calcetines? Son morados, los únicos que tengo de ese color, y si voy caminando con ellos hasta el coche los voy a estropear, mejor me los quito. Además no se donde está el coche, no se llegar. Por lo menos llevo las lentillas puestas, así podré encontrarlo.

La travesía ya va a empezar y no se que le pasa a mi traje, las mangas me quedan cortas. A los demás les quedan bien ¿Por qué a mi no? Por mucho que las estiro no se quedan en su sitio. Lo intento todo el rato, tengo que estirarlas. Y parece que cuanto más tiro de ellas más cortas me quedan.

Ya están todos nadando y yo aquí con mis mangas cortas, que desastre, bueno, no pasa nada, al agua sin miedo. Lo peor no va a ser esto.

La verdad es que no recuerdo apenas nada de la travesía, pero se que hay un tiburón en la isla de destino, se sabe por la aleta, que da vueltas alrededor, pero los que estamos nadando ni lo sospechamos, porque en estas costas no hay tiburones. Veo unas fichas, como de libro de zoología, sobre tiburones, clasificados e identificables en función de sus aletas dorsales, la aleta en forma de cuchillo hacia atrás es del tiburón martillo, si tiene forma de navaja es un tiburón estepario (que es amarillo), si la aleta es como una cuchara es un tiburón tigre… Menos el estepario todos parece peligrosos.

No se que pasó con el tiburón. Se que llegué, porque recuerdo haberle dicho a mi padre con orgullo que había nadado seis kilómetros.

Que cosas más raras se sueñan.

jueves, 8 de febrero de 2007

• Grab the snake

Hoy es 7 de Febrero y yo soy cada vez más tonto
(esta historia también es bastante tonta, pero es real)

Estoy estudiando segundo de bachillerato, mejor dicho, estoy repitiendo física de segundo de bachillerato. Si una amable profesora no me hubiese odiado tanto (típico pero (casi) cierto) ahora podría estar tan agobiado por los exámenes como cualquier universitario.
Pero no.
Tengo cuatro horas de clase a la semana, aunque los jueves no suela ir porque siempre me duermo. Básicamente tengo un año sabático.

Los martes tengo clase a las diez, así que hoy, que es martes, me desperté temprano para lo que suelo acostumbrar, me tomé una naranja y un café, me duché, vestí, afeité, leí el periódico y hice todo lo que se hace cuando uno se levanta temprano. Cogí el tren y me fui clase.
Debería haberme dado cuenta de que hoy era un día especial, todo lo indicada, estaba inusualmente soleado y claro para la época del año. Era uno de los primeros días del verano pero en febrero. Soplaba una ligera brisa del sur y por la carretera solo circulaban motos. Además sentía un especial deseo de llamarme Rocamadour.
No me di cuenta de nada.
Con cinco minutos de retraso llegué a mi clase, pero no había nadie:
- Que raro… Joder, hoy tenían teatro, ¿Cómo lo pude olvidar?

Corriendo a la estación, en cinco minutos sale otro tren y si tengo suerte podré pasarme la mañana paseando por la playa.

En la estación el tren se retrasa y una señora vieja más que fea me mira mal, el semáforo está rojo. Bueno, no pasa nada, tengo música, Bad Brains, hace unos días me bajé la discografía y aun no he tenido tiempo de ponerme con ellos.
I against I.
De pronto me doy cuenta de lo que está pasando, pero es demasiado tarde, una serpiente luminosa roja sale del semáforo y se come a la vieja fea. Se dirige hacia mí y yo soy la serpiente y la serpiente soy yo. Bien, puedo hacer lo que quiera, quiero que llegue el tren.



Ya no soy la serpiente, me subo al tren, busco un sitio libre, me siento, saco el bono y se lo enseño al revisor. El revisor revisa, obviamente, pero lo hace como si no se fiase, como si yo intentase estafarlo. Me mira con cara de guardia civil. Odio que me miren así, siempre soy inocente y siempre me siento culpable. Yo intento mirarlo con cara de “soy superior a ti, buen hombre”, que es lo que más les fastidia, pero no siempre lo consigo. Hoy si, lo consigo, y también consigo que se marche.
Poco antes de llegar a mi parada el tren se detiene. Empiezo a pensar: Esto debe de ser la vida real, ni un sueño ni una película, así que esperaré a que vuelva a arrancar, a que llegue a mi parada y allí me bajaré. Aunque también podría ser una trampa, tengo que salir.
Justo a tiempo porque un ejercito de revisores se dirige hacia el tren caminando en formación cerrada. Abro una puerta y voy saltando de cabeza en cabeza, machacando revisores, hasta que llego a mi parada.

El resto del día fue de lo más normal.

sábado, 3 de febrero de 2007

• ¿Quién siente miedo?

Muchas veces me pregunto si la gente es estúpida. 

Bastantes veces tengo ideas. Y pocas veces son buenas esas ideas, sin embargo, en alguna ocasión las he tenido geniales.
Ideas revolucionarias, que solo con ser llevadas a la práctica cambiarían todo lo establecido. Pero por desgracia eso nunca ha pasado. Cada vez que lo intento, o no lo consigo o no soy capaz de acordarme de porqué eran tan geniales.
Tal vez sea porque en realidad no son ideas de verdad, solo imágenes, sin contenido.

Una de esas ideas geniales, que además es recurrente, es que las personas podríamos ser todopoderosas. Solo con desear algo podríamos conseguirlo, solo con querer hacer algo podríamos hacerlo. El miedo, la vergüenza, el "que dirán"... en realidad no existen, los creamos nosotros, y igual que los creamos podríamos destruirlos.

Por poner un ejemplo, cuando estudiaba primero de bachiller tenía una profesora bastante peculiar. A pesar de que tenía todas las papeletas para ser martirizada por sus alumnos, sucedía justo al revés. Como profesora era pésima, pero como torturadora, magnífica. Teníamos que tratarla de usted, nos hacía salir a la pizarra, siempre intentaba humillarnos... En más de una ocasión dejó a alumnos o alumnas (más frecuentemente) llorando.  Nos sacaba a la pizarra según el orden de su lista, y cada día podía sacar a uno o dos alumnos como mucho, así que teníamos rachas de tranquilidad (los días después de salir) y rachas de pavor (cuando se acercaba de nuevo nuestro turno).

Tuve que soportar esa situación durante dos años, por su culpa, mi, ya entonces presente, inutilidad matemática se multiplicó. A menudo me preguntaba porqué nadie hacía nada, porqué consentían ese maltrato. Solía decirme a mi mismo que cuando intentara hacérmelo a mí, le dejaría las cosas claras. Pero siempre acaba tragándome mi orgullo, y después de la humillación volvía a mi sitio con la cabeza baja, intentando no mirar a nadie.

Era fácil deducir que esa profesora tenía grandes problemas de auto estima, que posiblemente en su infancia, o incluso en la actualidad, sus conocidos se burlasen de ella (motivos no faltaban), y que precisamente por eso decidiese vengarse en quienes menos podíamos hacerle.
Solucionar la situación habría sido muy sencillo, bastaría con que, cuando en la pizarra intentase burlarse de mí, le hubiese dicho:

"Por favor, yo a ti te respeto, haz lo propio. A mí no me importa que seas gorda, baja y fea, me da igual que a tu marido le des asco. Me da igual que tus compañeros de trabajo se rían y digan a tus espaldas que eres "algo corta en el doble sentido", no me importa que seas una desgraciada o que no tengas amigos. Yo vengo aquí a aprender matemáticas y no a ejercer de saco de boxeo, págate un psicólogo si quieres, pero no me uses a mí."

Por supuesto, se habría enfadado, y posiblemente me expulsasen unos días, y mi padre se enfadaría aun más (solo en apariencia, en realidad se sentiría orgulloso).
Pero nada me afectaría, porque sería absolutamente libre y no podría volver a humillarme, me sentiría un dios.

Solo necesitaba vencer al miedo durante unos segundos y me libraría de él para siempre. Sin embargo no fui capaz y pasé miedo hasta que el aprobado justo y en septiembre me sacó de ahí.

Esta situación, más o menos parecida, se repitió varias veces a lo largo de mi vida y me imagino que volverá a suceder en el futuro, pero como ahora estoy buscando la Sabiduría y quiero ser todopoderoso, no me preocupa, es más, me decepcionaría que no se repitiese. Quiero demostrarme a mi mismo que es así de fácil, y que puedo vencer a mis miedos sin problemas.

  Claro que es más fácil hablar que actuar, así que a partir de ahora no tendré miedo, no sentiré vergüenza, no me preocupará "el que dirán", haré las cosas que me dicten la razón y las ganas. Y escribiré aquí sobre ellas.
Será la primera parte del camino hacia la Sabiduría.

lunes, 29 de enero de 2007

• El arte de Bañarse

Estimado Señor:

Hay cosas realmente importantes para la felicidad de las que la gente nunca habla.
Me imagino que gran parte de la población mundial nunca ha experimentado el placer de permanecer horas y horas en una enorme bañera llena de espuma. Y lo siento mucho por ellos, más por los que no han podido que por los que no han querido hacerlo.

Yo agradezco a mis padres el que, hace muchos años, se les ocurriese comprar una bañera enorme, vieja y destartalada, y esmaltada varias veces si mal no recuerdo, en la que desde los seis años me suelo pasar un mínimo de cuatro horas semanales.

Bañera

No es fácil estar tanto tiempo metido en el agua. El proceso de limpiarse, por muy concienzudo que sea, es difícil alargarlo por encima de los veinte minutos. Y un baño de dos horas puede ser muy relajante, pero después de una hora y cuarenta minutos mirando el techo podría llegar a aburrir. Hay algunas "tareas alternativas" que puede llevar a cabo para llenar ese vacío, unas son bastante conocidas y seguramente ya las ha probado alguna vez: leer a Javier Marías, escuchar a the Beatles, ver la tele, jugar a la Playstation (aunque yo soy más de Nintendo), hacer el amor o en su defecto masturbarse... No sé, hay infinidad de cosas que se pueden hacer en una bañera. Pero hay una que nunca hasta hoy se me había ocurrido.

Afeitarse en la bañera proporciona un placer único, es imposible describirlo con palabras. Además, es comodísimo. Yo suelo limpiar la cuchilla debajo del grifo, porque no quiero dejarlo abierto demasiado tiempo para no malgastar agua y todo eso, podría llenar el lavabo de agua, pero hace ya bastante tiempo que perdí el tapón... Y claro, eso me obliga a andar abriendo y cerrando el grifo constantemente, cosa muy molesta.
En la bañera, lo único que tengo que hacer es meter la cuchilla en el agua y agitar. Podría seguir diciendo y predicando las enormes ventajas, pero será mejor que lo pruebe usted mismo.

No olvide que no todo son ventajas, también tiene ciertos inconvenientes. A menos que sea muy hábil, o le ayude otra persona, necesitará un espejo, y también necesitará una mano que sujete ese espejo, y eso implicará que todo el proceso debe llevarlo a cabo con la otra mano. A menos que... Se tengan tres manos o una elasticidad de acróbata que le permita usar los pies, obviamente. Pero desde luego ese no es mi caso.

El otro problema fundamental de afeitarse en la bañera es que aumenta de forma exponencial el riesgo de cortarse en una parte del cuerpo que no sea la cara. Y con ello el riesgo de cortarse las venas involuntariamente y, sin querer, podría llegar a suicidarse. Aunque me imagino que eso raras veces ocurre.

En resumen, le recomiendo altamente al menos dos baños largos a la semana, y aprovechelos para afeitarse.
A menos que, claro está, pretenda ser un barbudo, por los cuales siento enorme respeto y admiración.


P.D. No había caído en la cuenta de que posiblemente para las mujeres esto sea algo habitual. Siempre se dice que ellas son más listas. Tal vez aquí tengamos un prueba.




domingo, 28 de enero de 2007

• Mensaje super importante

¡Por fin tengo un blog!

Y ya era hora. Me presentaré.
Porque aunque hasta este momento me he contenido y ocultado, en realidad soy un enviado especial de Dios a la zona de conflicto, soy la decimotercera reencarnación de Siddhārtha, aunque durante mi periplo por Internet, un medio desconocido para mí, seré el paseante.

Mi misión en esta vida es reconvertir a la humanidad en lo que Dios siempre pretendió antes de que el proyecto se le fuese de las manos. Al contrario de lo que podáis pensar, no sois un enorme y todopoderoso virus destinado a destruir un planeta tras otro, no estáis destinados a expandiros hasta el infinito y más allá. Y tampoco deberías pelearos con las demás especies sino sólo entre vosotros.
En realidad, no sois más que un juego de estrategia (es algo más complejo, pero vuestras limitadas mentes no lo entenderían y la comparación es bastante acertada) diseñado por Dios para su propio entretenimiento. Un juego que se le fue de las manos mientras se dedicaba a otra cosa y que ahora no puede controlar.

Y por eso estoy aquí, para intentar reconduciros.

Si quiero llevar a cabo esta complicada misión, tendré que superar varias fases. La primera de ellas, la sabiduría. Tengo que aprenderlo todo sobre vosotros porque en estos momentos me parecéis tan estúpidos que no puedo entenderos. Una vez que haya alcanzado la sabiduría, sin duda sabré como proceder, y mi misión aquí habrá llegado a un nuevo nivel.


Es justo ahora cuando entras en acción tú, estimado lector, tú deberás ayudarme a difundir la palabra. Si lees esto, no me abandones, por favor.
Tal vez hoy no te interese porque crees tener problemas mayores, pero no dudes de que, el día del juicio final, te arrepentirás y desearás haberme hecho caso.

En episodios posteriores intentaré explicaros más detenidamente el asunto, pero hasta entonces me despido.


Muy afectuosamente vuestro y deseándoos siempre lo mejor:

el paseante nocturno
 

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