(esta historia también es bastante tonta, pero es real)
Estoy estudiando segundo de bachillerato, mejor dicho, estoy repitiendo física de segundo de bachillerato. Si una amable profesora no me hubiese odiado tanto (típico pero (casi) cierto) ahora podría estar tan agobiado por los exámenes como cualquier universitario.
Pero no.
Tengo cuatro horas de clase a la semana, aunque los jueves no suela ir porque siempre me duermo. Básicamente tengo un año sabático.
Los martes tengo clase a las diez, así que hoy, que es martes, me desperté temprano para lo que suelo acostumbrar, me tomé una naranja y un café, me duché, vestí, afeité, leí el periódico y hice todo lo que se hace cuando uno se levanta temprano. Cogí el tren y me fui clase.
Debería haberme dado cuenta de que hoy era un día especial, todo lo indicada, estaba inusualmente soleado y claro para la época del año. Era uno de los primeros días del verano pero en febrero. Soplaba una ligera brisa del sur y por la carretera solo circulaban motos. Además sentía un especial deseo de llamarme Rocamadour.
No me di cuenta de nada.
Con cinco minutos de retraso llegué a mi clase, pero no había nadie:
- Que raro… Joder, hoy tenían teatro, ¿Cómo lo pude olvidar?
Corriendo a la estación, en cinco minutos sale otro tren y si tengo suerte podré pasarme la mañana paseando por la playa.
En la estación el tren se retrasa y una señora vieja más que fea me mira mal, el semáforo está rojo. Bueno, no pasa nada, tengo música, Bad Brains, hace unos días me bajé la discografía y aun no he tenido tiempo de ponerme con ellos.
I against I.
De pronto me doy cuenta de lo que está pasando, pero es demasiado tarde, una serpiente luminosa roja sale del semáforo y se come a la vieja fea. Se dirige hacia mí y yo soy la serpiente y la serpiente soy yo. Bien, puedo hacer lo que quiera, quiero que llegue el tren.

Ya no soy la serpiente, me subo al tren, busco un sitio libre, me siento, saco el bono y se lo enseño al revisor. El revisor revisa, obviamente, pero lo hace como si no se fiase, como si yo intentase estafarlo. Me mira con cara de guardia civil. Odio que me miren así, siempre soy inocente y siempre me siento culpable. Yo intento mirarlo con cara de “soy superior a ti, buen hombre”, que es lo que más les fastidia, pero no siempre lo consigo. Hoy si, lo consigo, y también consigo que se marche.
Poco antes de llegar a mi parada el tren se detiene. Empiezo a pensar: Esto debe de ser la vida real, ni un sueño ni una película, así que esperaré a que vuelva a arrancar, a que llegue a mi parada y allí me bajaré. Aunque también podría ser una trampa, tengo que salir.
Justo a tiempo porque un ejercito de revisores se dirige hacia el tren caminando en formación cerrada. Abro una puerta y voy saltando de cabeza en cabeza, machacando revisores, hasta que llego a mi parada.
El resto del día fue de lo más normal.


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